Habían transcurrido 25 minutos del segundo tiempo de un simple partido entre Tigre y Banfield cuando un delantero del equipo local chocó con un defensor de Banfield durante un salto en el área de éstos últimos. El hombre de Tigre quedó tendido con la cara en el césped, inerte; su colega al menos se retorcía en señal de dolor. El arquero de Banfield tomó la pelota sin complicaciones y sin dudarlo la envió a campo contrario de un fuerte puntapié.
El juego jamás se detuvo, ¿pero se siguió jugando porque estos jugadores no tenían nada al fin y al cabo?
Tal vez, el momento del impacto, el portero pensó que estaban heridos, pero su equipo perdía 1 a 0 en cancha de Tigre su cuarto partido consecutivo, y cuatro eran las fechas jugadas hasta entonces en el torneo. Había mucho en juego ¿Y si el arquero tiraba el balón al lateral para que atendieran a su compañero y de ahí un contraataque certero del local aniquilaba por completo las pocas esperanzas de su equipo? O peor aún... ¿y si le avisaba al árbitro que había dos jugadores en el suelo? El juego se reanudaría reglamentariamente con una devolución de la pelota por parte del rival directamente a sus pies a unos pocos metros de su arco. Pero... ¿y si ahí llegara, precisamente en sus pies, el inevitable error defensivo que hiciera imposible el esfuerzo de sus compañeros en busca del empate? No se puede jugar con esa carga. Ni que hubiera dos tipos tirados en el piso.
El juego jamás se detuvo, ¿pero se siguió jugando porque estos jugadores no tenían nada al fin y al cabo?
Tal vez, el momento del impacto, el portero pensó que estaban heridos, pero su equipo perdía 1 a 0 en cancha de Tigre su cuarto partido consecutivo, y cuatro eran las fechas jugadas hasta entonces en el torneo. Había mucho en juego ¿Y si el arquero tiraba el balón al lateral para que atendieran a su compañero y de ahí un contraataque certero del local aniquilaba por completo las pocas esperanzas de su equipo? O peor aún... ¿y si le avisaba al árbitro que había dos jugadores en el suelo? El juego se reanudaría reglamentariamente con una devolución de la pelota por parte del rival directamente a sus pies a unos pocos metros de su arco. Pero... ¿y si ahí llegara, precisamente en sus pies, el inevitable error defensivo que hiciera imposible el esfuerzo de sus compañeros en busca del empate? No se puede jugar con esa carga. Ni que hubiera dos tipos tirados en el piso.
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