En medio de toda la basura que rodea al fútbol argentino, un grupo de jóvenes, menores de veinte años, transpiraraban la camiseta a bastones celestes y blancos en un estadio de Medellín. El Mundial Juvenil Sub-20 no llama tanto la atención del público luego de la humillación tras la temprana eliminación de la Selección Mayor en la última Copa América. La selección de Perazzo, a quien querían echar antes de que debutara en el Mundial, sufría las embestidas de la seleeción de Egipto. Los africanos, vestidos con un llamativo conjunto color arena, no paraba de llegar al arco defendido por Andrada, el arquero de Lanús.
Cuando los argentinos conseguían hacerse con el balón, los delanteros terminaban corriendo hasta el final del campo de juego en fallidos intentos por alcanzar una pelota. Corrían cuarenta minutos del primer tiempo cuando, en uno de esos inútiles intentos, Carlos Luque, jugador de Colón de Santa Fé, trastabilló en el área rival. El árbitro sueco Strombergsson cobró penal.
Erik Lamela, lejos de River y a punto de debutar en la Roma de Italia, depositó la pelota en el círculo penal y se retiró dándole la espalda al arco. Cuando giró había tomado una extensa carrera, y tuvo tiempo de cambiar de opinión antes de llegar a la pelota e impactarla de lleno con la cara interna de su pie izquierdo; le pegó abajo y a la izquierda de Ahmed ElShenawi, el portero egipcio, quien adivinó la intención de Lamela y rozó la pelota con su mano. Pero el tiro fue lo suficientemente potente para que Argentina se pusiera en ventaja justo antes del final del primer tiempo.
Los primeros veinte minutos del segundo tiempo no dejaron mucho, hasta que tras otra larga corrida de Luque, Strombergsson cobró penal tras el cierre del defensor Gaber. ElShenawi se acercó al árbitrio y le dijo que no podía cobrarle un segundo penal. Esta vez Luque no se había caído solo, pero el defensor tampoco había hecho mucho para derribarlo. El árbitro sueco ignoró las súplicas de los egipcios y amonestó a Gaber antes de despejar el área para que Lamela volviera a tomar una larga carrera y pateara su segundo penal de la noche. Ésta vez pateó con fuerza al centro del arco mientras el arquero volaba una vez más hacia su izquierda. Sin problemas, Argentina se puso 2 a 0 arriba en el marcador, y parecía que solo un ridículo penal a favor de Egipto podría poner al equipo en aprietos.
Apenas seis minutos más tarde, el argentino Adrián Martínez se apoyó en un rival y Strombergsson no dudó: penal para Egipto. Otro zurdo, otra larga carrera, otro pateador que elige su palo izquierdo, otro arquero que elige el opuesto. Mohamed Salah convirtió el último gol del encuentro. Argentina pasó a cuartos de final y Egipto quedó en el camino antes de lo esperado en un encuentro del cual, de no haber sido por los penales, jamás hubiera sido tan interesante.