Después de mucho tiempo se me ocurrió ver el partido de Los Pumas ya que estaba despierto en la madrugada. Me perdí la tan emotiva ceremonia del himno y comenzó el partido. Para sorpresa de muchos, yo jugué al rugby de chico, pero la verdad que no es un deporte que me guste mucho. Pero no recordaba así el juego... En mis días de inútil wing (cero tries en 3 años), lo único que me quedó claro era que el juego consistía en hacer correr la pelota por una línea de jugadores en pos de avanzar. Quince años después, estoy viendo un partido del Mundial y no he visto el más mínimo intento por hacer correr el ovalado balón. Todos parecen despejar el balón como si fueran rústicos marcadores centrales de un equipo chico de fútbol. Casi que con miedo, deshaciéndose de ella. Patadas los primeros veinte minutos. De hecho, con una patada Argentina había conseguido los únicos tres puntos del partido. Claramente, no recordaba así este deporte.
Después de mucho esperar el partido se hizo un poco más interesante. Escocia hizo eso de pasarse la pelota y casi que hubo dos jugadas que llamaron mi atención. Los británicos son aguerridos y tienen poca paciencia. Me recuerdan a los rústicos marineros de los puertos ingleses. Los Pumas se defienden dejando todo en cada pelota. Uno de los comodines del equipo argentino deja el campo de juego por lesión. El resultado se mantiene 3 a 0 a en favor de la Argentina a los 35 minutos del primer tiempo. Los médicos vuelven a entrar a la cancha para atender a alguien que cayó mal. Ya es el cuarto jugador argentino que revisan en diez minutos. Los médicos corren y charlan con ellos. Los Pumas respiran agitados y empiezan a sentir el desgaste: Escocia llegó al empate pronto, casualmente, pateando una vez más el balón, no depositándolo con el cuerpo en el cesped. 3 a 3. "No puede caminar", dice el comentarista de la transmisión televisiva respecto de otro jugador argentino. Segundo cambio y recién van 36 minutos. Comienza a lloviznar en el estadio de Wellington, en Nueva Zelanda. El jugador recién ingresado se aferra a la pierna derecha de un escocés, que comienza a darle puñetazos en la espalda intentando que lo soltara. La pelota ya se fue hacia otro lado hace rato, y hay otro penal para Escocia... Eso significa que vuelven a patear la pelota. 6 a 3 abajo es ahora el resultado.
"Zafa la Argentina, que sigue solamente tres puntos abajo"
De pronto a los Pumas se los ve terrenales; se confunden. Seguramente algunos de los jugadores argentinos se están acordando de sus padres cuando les daban órdenes de pequeños, o de sus entrenadores de los quince años (aunque aquellas personas no existan)
Es extraño. Entonces recordé que alguna vez incluso compartí el patio del colegio con uno de ellos.
Entretiempo, Escocia se va corriendo. Argentina no entiende lo que pasa. La lluvia es cada vez más fuerte y el juego se hace más complicado. Argentina tiene de nuevo la posibilidad de patear la pelota a los palos, pero el experto pateador argentino falla la ocasión que en las publicidades siempre concreta, incluso reemplazando el balón por un teléfono celular. Faltando veinte minutos, se toma revancha con una nueva patada y empata el partido en 6, pero a Escocia le lleva un minuto desnivelar el marcador una vez más, y apenas siete minutos más tarde aumenta la diferencia y dobla la cantidad de puntos del equipo argentino. Escocia gana 12 a 6 y las cosas no pueden ponerse peores. Y se pusieron, Y entonces ocurrió; eso que parece que pasa en los partidos de los Pumas. Los jugadores argentinos conectaron unos buenos pases y un jugador se animó a encarar a su rival. Lo esquivó con una inesperada zancada, y luego enganchó hacia el medio para dejar atrás a un segundo jugador, y en forma de zigzag esquivó a un tercero. Tres escoceses más corrieron los últimos metros detrás del argentino mientras de deslizaba en el ingoal con su puño izquierdo apretado en lo alto en un gesto heroico.
Al fin, un try... ¡y qué try! Y luego la conversión (o sea, una nueva patada), y el resultado ahora es 13 a 12. Los Pumas pasan a ganar por un punto. Quedan siete minutos de partido que van a aguantar dejando todo, incluso durante los eternos dos minutos adicionales que se jugaron. Las patadas habían sido protagonistas en la noche neozelandesa, y el partido fácilmente pudo haberse definido en un arco de fútbol y por penales. Y fue, precisamente una patada al saque lateral lo que obligó al árbitro a dar por terminado el partido. Ahora eran los escoceses los que no entendían nada. Los argentinos festejaban en el campo de juego, en la cabina donde estaba el entrenador y muchos también en sus casas. Son las 6:46 de la mañana del domingo, pero esperar inconscientemente ese try, una reinvindicación del deporte, valió la pena.
El fútbol...
domingo, 25 de septiembre de 2011
viernes, 16 de septiembre de 2011
Vamos, vamos, Argentina...
Faltaban segundos para que terminara el partido en Serbia. El estadio, repleto de hinchas locales se mantenía en el más respetuoso de los silencios pese a que su equipo estaba en problemas. Siempre frío clima de los balcanes parecía haberse trasladado al campo de juego, y el jugador argentino tomaba aliento para su última corrida de la noche. Tomó la pelota y se paró en posisión de saque. Y entonces lo escuchó, un murmullo en medio de un grupo de camisetas celestes y blancas. "Un minuto de silencio, para Serbia que está muerto... ". El cántico contagió a otros y se animaron a vitorear el nombre de la estrella argentina. Los serbios, en cambio, se quedaron mirando a los simpatizantes argentinos en vez de alentar a los suyos. Con una sonrisa disimulada, el jugador argentino impactó la pelota, liquidando el partido mientras su hinchada alentaba: "Olé, olé, olé... Delpo... Delpo..."
viernes, 2 de septiembre de 2011
Y siempre se juega por nada.
Habían transcurrido 25 minutos del segundo tiempo de un simple partido entre Tigre y Banfield cuando un delantero del equipo local chocó con un defensor de Banfield durante un salto en el área de éstos últimos. El hombre de Tigre quedó tendido con la cara en el césped, inerte; su colega al menos se retorcía en señal de dolor. El arquero de Banfield tomó la pelota sin complicaciones y sin dudarlo la envió a campo contrario de un fuerte puntapié.
El juego jamás se detuvo, ¿pero se siguió jugando porque estos jugadores no tenían nada al fin y al cabo?
Tal vez, el momento del impacto, el portero pensó que estaban heridos, pero su equipo perdía 1 a 0 en cancha de Tigre su cuarto partido consecutivo, y cuatro eran las fechas jugadas hasta entonces en el torneo. Había mucho en juego ¿Y si el arquero tiraba el balón al lateral para que atendieran a su compañero y de ahí un contraataque certero del local aniquilaba por completo las pocas esperanzas de su equipo? O peor aún... ¿y si le avisaba al árbitro que había dos jugadores en el suelo? El juego se reanudaría reglamentariamente con una devolución de la pelota por parte del rival directamente a sus pies a unos pocos metros de su arco. Pero... ¿y si ahí llegara, precisamente en sus pies, el inevitable error defensivo que hiciera imposible el esfuerzo de sus compañeros en busca del empate? No se puede jugar con esa carga. Ni que hubiera dos tipos tirados en el piso.
El juego jamás se detuvo, ¿pero se siguió jugando porque estos jugadores no tenían nada al fin y al cabo?
Tal vez, el momento del impacto, el portero pensó que estaban heridos, pero su equipo perdía 1 a 0 en cancha de Tigre su cuarto partido consecutivo, y cuatro eran las fechas jugadas hasta entonces en el torneo. Había mucho en juego ¿Y si el arquero tiraba el balón al lateral para que atendieran a su compañero y de ahí un contraataque certero del local aniquilaba por completo las pocas esperanzas de su equipo? O peor aún... ¿y si le avisaba al árbitro que había dos jugadores en el suelo? El juego se reanudaría reglamentariamente con una devolución de la pelota por parte del rival directamente a sus pies a unos pocos metros de su arco. Pero... ¿y si ahí llegara, precisamente en sus pies, el inevitable error defensivo que hiciera imposible el esfuerzo de sus compañeros en busca del empate? No se puede jugar con esa carga. Ni que hubiera dos tipos tirados en el piso.
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