Dos partidos. Dos resultados. Dos sorpresas. Dos selecciones. Acaba de terminar el partido con Venezuela, apenas el segundo por las eliminatorias, y la Selección Argentina perdió por primera vez en la historia con el combinado de Venezuela. Está más que claro que ya no hay de aquellos rivales "accesibles" que la Argentina goleaba de manera absurda en otros tiempos. Pero la derrota Argentina no llamaría tanto la atención de no ser porque apenas cuatro días atrás goleó a Chile en el partido inicial del certamen.
Previo a aquel partido había muchas dudas acerca del funcionamiento de la Selección Argentina. Se decía que los jugadores habían entrenado poco juntos y que faltaban algunos nombres importantes, sobre todo del ámbito local. Se vendieron pocas entradas los días previos y el poco conveniente horario de viernes por la tarde no motivaba al espectador. Horas antes del partido llovía tanto en las inmediaciones del Estadio Monumental que ni la presencia de Messi en el campo de juego invitaba al hincha a dejar su casa. Después de todo, nadie esperaba mucho de Argentina, y Chile llegaba con una reputación de buen equipo al mando del argentino Claudio "El Bichi" Borghi, aunque los resultados no parecían coincidir con la situación actual chilena. Argentina goleó 4 a 1, con una brillante actuación de un generoso Lionel Messi y la certeza de Gonzalo Higuaín, delantero del Real Madrid español, a quien ya estaban nombrando sucesor del eterno goleador Gabriel Batistuta. Pero ya no. Porque Higuaín no la metió contra Venezuela, porque el desconcierto de Messi le dará a muchos de qué hablar, porque Fernando Amorebieta (defensor venezolano) cabeceó el 1 a 0 definitivo en el segundo tiempo de un partido en el cual Argentina pareció jamás haber salido al campo de juego. ¿Se habrán quedado en aquel vestuario de la cancha de River festejando aquel magífico primer partido? Si es así, por favor avísenle a esos muchachos que tienen que volver a jugar en el próximo partido, porque un equipo con su misma camiseta pareció hacer una ridícula parodia suya en una cancha de Venezuela. Y era por los puntos...
EL FRAN DEPORTIVO
De vez en cuando, un algo y un algo del fútbol.
El fútbol...
martes, 11 de octubre de 2011
domingo, 25 de septiembre de 2011
Jugando al rugby con los pies
Después de mucho tiempo se me ocurrió ver el partido de Los Pumas ya que estaba despierto en la madrugada. Me perdí la tan emotiva ceremonia del himno y comenzó el partido. Para sorpresa de muchos, yo jugué al rugby de chico, pero la verdad que no es un deporte que me guste mucho. Pero no recordaba así el juego... En mis días de inútil wing (cero tries en 3 años), lo único que me quedó claro era que el juego consistía en hacer correr la pelota por una línea de jugadores en pos de avanzar. Quince años después, estoy viendo un partido del Mundial y no he visto el más mínimo intento por hacer correr el ovalado balón. Todos parecen despejar el balón como si fueran rústicos marcadores centrales de un equipo chico de fútbol. Casi que con miedo, deshaciéndose de ella. Patadas los primeros veinte minutos. De hecho, con una patada Argentina había conseguido los únicos tres puntos del partido. Claramente, no recordaba así este deporte.
Después de mucho esperar el partido se hizo un poco más interesante. Escocia hizo eso de pasarse la pelota y casi que hubo dos jugadas que llamaron mi atención. Los británicos son aguerridos y tienen poca paciencia. Me recuerdan a los rústicos marineros de los puertos ingleses. Los Pumas se defienden dejando todo en cada pelota. Uno de los comodines del equipo argentino deja el campo de juego por lesión. El resultado se mantiene 3 a 0 a en favor de la Argentina a los 35 minutos del primer tiempo. Los médicos vuelven a entrar a la cancha para atender a alguien que cayó mal. Ya es el cuarto jugador argentino que revisan en diez minutos. Los médicos corren y charlan con ellos. Los Pumas respiran agitados y empiezan a sentir el desgaste: Escocia llegó al empate pronto, casualmente, pateando una vez más el balón, no depositándolo con el cuerpo en el cesped. 3 a 3. "No puede caminar", dice el comentarista de la transmisión televisiva respecto de otro jugador argentino. Segundo cambio y recién van 36 minutos. Comienza a lloviznar en el estadio de Wellington, en Nueva Zelanda. El jugador recién ingresado se aferra a la pierna derecha de un escocés, que comienza a darle puñetazos en la espalda intentando que lo soltara. La pelota ya se fue hacia otro lado hace rato, y hay otro penal para Escocia... Eso significa que vuelven a patear la pelota. 6 a 3 abajo es ahora el resultado.
"Zafa la Argentina, que sigue solamente tres puntos abajo"
De pronto a los Pumas se los ve terrenales; se confunden. Seguramente algunos de los jugadores argentinos se están acordando de sus padres cuando les daban órdenes de pequeños, o de sus entrenadores de los quince años (aunque aquellas personas no existan)
Es extraño. Entonces recordé que alguna vez incluso compartí el patio del colegio con uno de ellos.
Entretiempo, Escocia se va corriendo. Argentina no entiende lo que pasa. La lluvia es cada vez más fuerte y el juego se hace más complicado. Argentina tiene de nuevo la posibilidad de patear la pelota a los palos, pero el experto pateador argentino falla la ocasión que en las publicidades siempre concreta, incluso reemplazando el balón por un teléfono celular. Faltando veinte minutos, se toma revancha con una nueva patada y empata el partido en 6, pero a Escocia le lleva un minuto desnivelar el marcador una vez más, y apenas siete minutos más tarde aumenta la diferencia y dobla la cantidad de puntos del equipo argentino. Escocia gana 12 a 6 y las cosas no pueden ponerse peores. Y se pusieron, Y entonces ocurrió; eso que parece que pasa en los partidos de los Pumas. Los jugadores argentinos conectaron unos buenos pases y un jugador se animó a encarar a su rival. Lo esquivó con una inesperada zancada, y luego enganchó hacia el medio para dejar atrás a un segundo jugador, y en forma de zigzag esquivó a un tercero. Tres escoceses más corrieron los últimos metros detrás del argentino mientras de deslizaba en el ingoal con su puño izquierdo apretado en lo alto en un gesto heroico.
Al fin, un try... ¡y qué try! Y luego la conversión (o sea, una nueva patada), y el resultado ahora es 13 a 12. Los Pumas pasan a ganar por un punto. Quedan siete minutos de partido que van a aguantar dejando todo, incluso durante los eternos dos minutos adicionales que se jugaron. Las patadas habían sido protagonistas en la noche neozelandesa, y el partido fácilmente pudo haberse definido en un arco de fútbol y por penales. Y fue, precisamente una patada al saque lateral lo que obligó al árbitro a dar por terminado el partido. Ahora eran los escoceses los que no entendían nada. Los argentinos festejaban en el campo de juego, en la cabina donde estaba el entrenador y muchos también en sus casas. Son las 6:46 de la mañana del domingo, pero esperar inconscientemente ese try, una reinvindicación del deporte, valió la pena.
Después de mucho esperar el partido se hizo un poco más interesante. Escocia hizo eso de pasarse la pelota y casi que hubo dos jugadas que llamaron mi atención. Los británicos son aguerridos y tienen poca paciencia. Me recuerdan a los rústicos marineros de los puertos ingleses. Los Pumas se defienden dejando todo en cada pelota. Uno de los comodines del equipo argentino deja el campo de juego por lesión. El resultado se mantiene 3 a 0 a en favor de la Argentina a los 35 minutos del primer tiempo. Los médicos vuelven a entrar a la cancha para atender a alguien que cayó mal. Ya es el cuarto jugador argentino que revisan en diez minutos. Los médicos corren y charlan con ellos. Los Pumas respiran agitados y empiezan a sentir el desgaste: Escocia llegó al empate pronto, casualmente, pateando una vez más el balón, no depositándolo con el cuerpo en el cesped. 3 a 3. "No puede caminar", dice el comentarista de la transmisión televisiva respecto de otro jugador argentino. Segundo cambio y recién van 36 minutos. Comienza a lloviznar en el estadio de Wellington, en Nueva Zelanda. El jugador recién ingresado se aferra a la pierna derecha de un escocés, que comienza a darle puñetazos en la espalda intentando que lo soltara. La pelota ya se fue hacia otro lado hace rato, y hay otro penal para Escocia... Eso significa que vuelven a patear la pelota. 6 a 3 abajo es ahora el resultado.
"Zafa la Argentina, que sigue solamente tres puntos abajo"
De pronto a los Pumas se los ve terrenales; se confunden. Seguramente algunos de los jugadores argentinos se están acordando de sus padres cuando les daban órdenes de pequeños, o de sus entrenadores de los quince años (aunque aquellas personas no existan)
Es extraño. Entonces recordé que alguna vez incluso compartí el patio del colegio con uno de ellos.
Entretiempo, Escocia se va corriendo. Argentina no entiende lo que pasa. La lluvia es cada vez más fuerte y el juego se hace más complicado. Argentina tiene de nuevo la posibilidad de patear la pelota a los palos, pero el experto pateador argentino falla la ocasión que en las publicidades siempre concreta, incluso reemplazando el balón por un teléfono celular. Faltando veinte minutos, se toma revancha con una nueva patada y empata el partido en 6, pero a Escocia le lleva un minuto desnivelar el marcador una vez más, y apenas siete minutos más tarde aumenta la diferencia y dobla la cantidad de puntos del equipo argentino. Escocia gana 12 a 6 y las cosas no pueden ponerse peores. Y se pusieron, Y entonces ocurrió; eso que parece que pasa en los partidos de los Pumas. Los jugadores argentinos conectaron unos buenos pases y un jugador se animó a encarar a su rival. Lo esquivó con una inesperada zancada, y luego enganchó hacia el medio para dejar atrás a un segundo jugador, y en forma de zigzag esquivó a un tercero. Tres escoceses más corrieron los últimos metros detrás del argentino mientras de deslizaba en el ingoal con su puño izquierdo apretado en lo alto en un gesto heroico.
Al fin, un try... ¡y qué try! Y luego la conversión (o sea, una nueva patada), y el resultado ahora es 13 a 12. Los Pumas pasan a ganar por un punto. Quedan siete minutos de partido que van a aguantar dejando todo, incluso durante los eternos dos minutos adicionales que se jugaron. Las patadas habían sido protagonistas en la noche neozelandesa, y el partido fácilmente pudo haberse definido en un arco de fútbol y por penales. Y fue, precisamente una patada al saque lateral lo que obligó al árbitro a dar por terminado el partido. Ahora eran los escoceses los que no entendían nada. Los argentinos festejaban en el campo de juego, en la cabina donde estaba el entrenador y muchos también en sus casas. Son las 6:46 de la mañana del domingo, pero esperar inconscientemente ese try, una reinvindicación del deporte, valió la pena.
viernes, 16 de septiembre de 2011
Vamos, vamos, Argentina...
Faltaban segundos para que terminara el partido en Serbia. El estadio, repleto de hinchas locales se mantenía en el más respetuoso de los silencios pese a que su equipo estaba en problemas. Siempre frío clima de los balcanes parecía haberse trasladado al campo de juego, y el jugador argentino tomaba aliento para su última corrida de la noche. Tomó la pelota y se paró en posisión de saque. Y entonces lo escuchó, un murmullo en medio de un grupo de camisetas celestes y blancas. "Un minuto de silencio, para Serbia que está muerto... ". El cántico contagió a otros y se animaron a vitorear el nombre de la estrella argentina. Los serbios, en cambio, se quedaron mirando a los simpatizantes argentinos en vez de alentar a los suyos. Con una sonrisa disimulada, el jugador argentino impactó la pelota, liquidando el partido mientras su hinchada alentaba: "Olé, olé, olé... Delpo... Delpo..."
viernes, 2 de septiembre de 2011
Y siempre se juega por nada.
Habían transcurrido 25 minutos del segundo tiempo de un simple partido entre Tigre y Banfield cuando un delantero del equipo local chocó con un defensor de Banfield durante un salto en el área de éstos últimos. El hombre de Tigre quedó tendido con la cara en el césped, inerte; su colega al menos se retorcía en señal de dolor. El arquero de Banfield tomó la pelota sin complicaciones y sin dudarlo la envió a campo contrario de un fuerte puntapié.
El juego jamás se detuvo, ¿pero se siguió jugando porque estos jugadores no tenían nada al fin y al cabo?
Tal vez, el momento del impacto, el portero pensó que estaban heridos, pero su equipo perdía 1 a 0 en cancha de Tigre su cuarto partido consecutivo, y cuatro eran las fechas jugadas hasta entonces en el torneo. Había mucho en juego ¿Y si el arquero tiraba el balón al lateral para que atendieran a su compañero y de ahí un contraataque certero del local aniquilaba por completo las pocas esperanzas de su equipo? O peor aún... ¿y si le avisaba al árbitro que había dos jugadores en el suelo? El juego se reanudaría reglamentariamente con una devolución de la pelota por parte del rival directamente a sus pies a unos pocos metros de su arco. Pero... ¿y si ahí llegara, precisamente en sus pies, el inevitable error defensivo que hiciera imposible el esfuerzo de sus compañeros en busca del empate? No se puede jugar con esa carga. Ni que hubiera dos tipos tirados en el piso.
El juego jamás se detuvo, ¿pero se siguió jugando porque estos jugadores no tenían nada al fin y al cabo?
Tal vez, el momento del impacto, el portero pensó que estaban heridos, pero su equipo perdía 1 a 0 en cancha de Tigre su cuarto partido consecutivo, y cuatro eran las fechas jugadas hasta entonces en el torneo. Había mucho en juego ¿Y si el arquero tiraba el balón al lateral para que atendieran a su compañero y de ahí un contraataque certero del local aniquilaba por completo las pocas esperanzas de su equipo? O peor aún... ¿y si le avisaba al árbitro que había dos jugadores en el suelo? El juego se reanudaría reglamentariamente con una devolución de la pelota por parte del rival directamente a sus pies a unos pocos metros de su arco. Pero... ¿y si ahí llegara, precisamente en sus pies, el inevitable error defensivo que hiciera imposible el esfuerzo de sus compañeros en busca del empate? No se puede jugar con esa carga. Ni que hubiera dos tipos tirados en el piso.
martes, 9 de agosto de 2011
Penal, Juez!
En medio de toda la basura que rodea al fútbol argentino, un grupo de jóvenes, menores de veinte años, transpiraraban la camiseta a bastones celestes y blancos en un estadio de Medellín. El Mundial Juvenil Sub-20 no llama tanto la atención del público luego de la humillación tras la temprana eliminación de la Selección Mayor en la última Copa América. La selección de Perazzo, a quien querían echar antes de que debutara en el Mundial, sufría las embestidas de la seleeción de Egipto. Los africanos, vestidos con un llamativo conjunto color arena, no paraba de llegar al arco defendido por Andrada, el arquero de Lanús.
Cuando los argentinos conseguían hacerse con el balón, los delanteros terminaban corriendo hasta el final del campo de juego en fallidos intentos por alcanzar una pelota. Corrían cuarenta minutos del primer tiempo cuando, en uno de esos inútiles intentos, Carlos Luque, jugador de Colón de Santa Fé, trastabilló en el área rival. El árbitro sueco Strombergsson cobró penal.
Erik Lamela, lejos de River y a punto de debutar en la Roma de Italia, depositó la pelota en el círculo penal y se retiró dándole la espalda al arco. Cuando giró había tomado una extensa carrera, y tuvo tiempo de cambiar de opinión antes de llegar a la pelota e impactarla de lleno con la cara interna de su pie izquierdo; le pegó abajo y a la izquierda de Ahmed ElShenawi, el portero egipcio, quien adivinó la intención de Lamela y rozó la pelota con su mano. Pero el tiro fue lo suficientemente potente para que Argentina se pusiera en ventaja justo antes del final del primer tiempo.
Los primeros veinte minutos del segundo tiempo no dejaron mucho, hasta que tras otra larga corrida de Luque, Strombergsson cobró penal tras el cierre del defensor Gaber. ElShenawi se acercó al árbitrio y le dijo que no podía cobrarle un segundo penal. Esta vez Luque no se había caído solo, pero el defensor tampoco había hecho mucho para derribarlo. El árbitro sueco ignoró las súplicas de los egipcios y amonestó a Gaber antes de despejar el área para que Lamela volviera a tomar una larga carrera y pateara su segundo penal de la noche. Ésta vez pateó con fuerza al centro del arco mientras el arquero volaba una vez más hacia su izquierda. Sin problemas, Argentina se puso 2 a 0 arriba en el marcador, y parecía que solo un ridículo penal a favor de Egipto podría poner al equipo en aprietos.
Apenas seis minutos más tarde, el argentino Adrián Martínez se apoyó en un rival y Strombergsson no dudó: penal para Egipto. Otro zurdo, otra larga carrera, otro pateador que elige su palo izquierdo, otro arquero que elige el opuesto. Mohamed Salah convirtió el último gol del encuentro. Argentina pasó a cuartos de final y Egipto quedó en el camino antes de lo esperado en un encuentro del cual, de no haber sido por los penales, jamás hubiera sido tan interesante.
Cuando los argentinos conseguían hacerse con el balón, los delanteros terminaban corriendo hasta el final del campo de juego en fallidos intentos por alcanzar una pelota. Corrían cuarenta minutos del primer tiempo cuando, en uno de esos inútiles intentos, Carlos Luque, jugador de Colón de Santa Fé, trastabilló en el área rival. El árbitro sueco Strombergsson cobró penal.
Erik Lamela, lejos de River y a punto de debutar en la Roma de Italia, depositó la pelota en el círculo penal y se retiró dándole la espalda al arco. Cuando giró había tomado una extensa carrera, y tuvo tiempo de cambiar de opinión antes de llegar a la pelota e impactarla de lleno con la cara interna de su pie izquierdo; le pegó abajo y a la izquierda de Ahmed ElShenawi, el portero egipcio, quien adivinó la intención de Lamela y rozó la pelota con su mano. Pero el tiro fue lo suficientemente potente para que Argentina se pusiera en ventaja justo antes del final del primer tiempo.
Los primeros veinte minutos del segundo tiempo no dejaron mucho, hasta que tras otra larga corrida de Luque, Strombergsson cobró penal tras el cierre del defensor Gaber. ElShenawi se acercó al árbitrio y le dijo que no podía cobrarle un segundo penal. Esta vez Luque no se había caído solo, pero el defensor tampoco había hecho mucho para derribarlo. El árbitro sueco ignoró las súplicas de los egipcios y amonestó a Gaber antes de despejar el área para que Lamela volviera a tomar una larga carrera y pateara su segundo penal de la noche. Ésta vez pateó con fuerza al centro del arco mientras el arquero volaba una vez más hacia su izquierda. Sin problemas, Argentina se puso 2 a 0 arriba en el marcador, y parecía que solo un ridículo penal a favor de Egipto podría poner al equipo en aprietos.
Apenas seis minutos más tarde, el argentino Adrián Martínez se apoyó en un rival y Strombergsson no dudó: penal para Egipto. Otro zurdo, otra larga carrera, otro pateador que elige su palo izquierdo, otro arquero que elige el opuesto. Mohamed Salah convirtió el último gol del encuentro. Argentina pasó a cuartos de final y Egipto quedó en el camino antes de lo esperado en un encuentro del cual, de no haber sido por los penales, jamás hubiera sido tan interesante.
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